| Por
Armando Valladares
El
secretario de la Santa Sede para las Relaciones con los Estados,
arzobispo Dominique François Joseph Mamberti, acaba de
efectuar una extensa visita oficial de cinco días a Cuba
comunista (del 16 al 20 de junio pp.).
Ya
en el primer día de su estadía, en conferencia
de prensa junto al canciller cubano, el alto prelado se congratuló
por el "diálogo" con el régimen que
en estos momentos está "en curso"; manifestó
su esperanza de que ese diálogo "se fortalezca"
por ocasión de su visita; y concluyó, de manera
optimista, que "ya se ven los frutos" positivos. En
sus declaraciones, monseñor Mamberti rechazó la
inclusión, entre esos "frutos" del diálogo
con el régimen comunista, de encuentros con opositores
cubanos y de visitas a presos políticos, alegando, a
falta de mejor argumento, que cumplía una "visita
oficial".
En
una palabra, el diplomático vaticano fue todo sonrisas
hacia el régimen comunista, mostrando en contrapartida
el ceño fruncido hacia los opositores y, en el fondo,
hacia el pueblo cubano esclavizado.
Con
su mención a los "frutos" que él considera
positivos, el alto prelado pareció incluir la "mediación"
asumida ante el régimen por el cardenal Jaime Lucas Ortega
y Alamino, arzobispo de La Habana, que posee un conocido historial
colaboracionista. En realidad, hasta el momento esos "frutos"
cardenalicios no van más allá del traslado de
una decena de presos políticos enfermos, que estaban
siendo torturados en prisiones distantes de sus lugares de origen,
y que ahora pasarán a ser torturados cerca de sus propios
hogares. También se habría obtenido la concesión
de licencia extrapenal (que no es el otorgamiento de libertad
incondicional) a Ariel Sigler, un opositor que fue un conocido
atleta y que ahora quedó en silla de ruedas por causa
de las privaciones y torturas. En realidad, con esa medida el
régimen evita el riesgo de que ese conocido preso político
fallezca en una cárcel y se transforme en un mártir.
Con
su viaje, sus declaraciones y sus silencios, el arzobispo Dominique
François Joseph Mamberti cumplió con el misterioso,
enigmático y desconcertante ritual colaboracionista de
altos personeros vaticanos que han viajado a la isla-cárcel
en las últimas décadas, desde el tristemente célebre
nuncio monseñor Cesare Zacchi, que elogió las
supuestas "virtudes cristianas" del dictador Fidel
Castro; pasando por su antecesor en el cargo de secretario de
la Santa Sede para las Relaciones con los Estados, monseñor
Agostino Casaroli, quien en 1974 dijo que los católicos
cubanos eran "felices"; hasta el actual cardenal secretario
de Estado, monseñor Tarcisio Bertone, un decidido propulsor
del "diálogo" con el régimen. A este
respecto, me he visto en la dolorosa necesidad de escribir numerosos,
documentados y nunca desmentidos artículos.
En
realidad, más que una "mediación", lo
que se está presenciando es una literal operación
de "salvataje" del régimen cubano, en los planos
externo e interno, impulsada por el Episcopado de la isla y
por la diplomacia vaticana. En el plano externo, dejándose
impresionar y paralizar por ese "salvataje" eclesiástico,
la Unión Europea acaba de aplazar hasta septiembre un
eventual endurecimiento de su posición hacia la dictadura
cubana. En el plano interno, el "salvataje" tendría
como objetivo desmoralizar a los fieles católicos de
la isla y a aquellos opositores cubanos que de una manera heroica
se oponen espiritualmente a la colaboración de los Pastores
con los Lobos comunistas. En ese sentido, el obispo auxiliar
de La Habana, monseñor Juan de Dios Hernández,
durante la visita del enviado vaticano, reconoció que
en los ambientes católicos cubanos existen "resistencias''
al referido acercamiento eclesiástico con los Lobos,
y aprovechó para inocular una dosis de anestesia de las
conciencias de los fieles alegando que "hay que tener paciencia".
Con
este "salvataje" diplomático, la Santa Sede
y el Episcopado cubano no solamente benefician al régimen
castrista; contribuyendo a su supervivencia, contribuyen igualmente,
por el principio de los vasos comunicantes, para fortalecer
a los regímenes venezolano, ecuatoriano, boliviano y
nicaragüense, aliados ostensivos de Cuba comunista; y para
dar aliento a corrientes radicales revolucionarias que en Brasil
y otros países de la región actúan como
caballos de Troya. Delante de Dios y de la Historia, la referida
responsabilidad eclesiástica no es pequeña, por
el hecho de que está en juego la situación de
esclavitud de 12 millones de cubanos, que ya se prolonga por
más de 50 años; el futuro incierto de varios países
de la región; y el propio futuro del continente con mayor
número de católicos.
Armando
Valladares, escritor, pintor y poeta. Pasó 22 años
en las cárceles políticas de Cuba. Fue embajador
de los Estados Unidos ante la Comisión de Derechos Humanos
de la ONU bajo las administraciones Reagan y Bush. Recibio la
Medalla Presidencial del Ciudadano y el Superior Award del Departamento
de Estado. Recientemente le fue otorgado en Roma el Premio Internacional
de Periodismo ISCHIA y, en Tegucigalpa, la Orden José
Cecilio del Valle, en el grado de Comendador, la más
alta distinción que otorga Honduras a un extranjero.
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