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En las últimas 48 horas, al mismo tiempo que el disidente
cubano Osvaldo Payá Sardiñas comenzara un
proceso de diálogo nacional, tanto la Iglesia Católica
como las denominaciones protestantes han llamado al gobierno
cubano a reflexionar sobre el futuro del país.
Los
dos llamados coinciden con una fuerte alza de los precios
en el mercado en moneda convertible en la isla y una agudización
en el diferendo entre La Habana y Washington.
''Consideramos
inaceptable que el futuro de Cuba sea diseñado a
base de exclusiones y menos aún de intervenciones
concebidas por un gobierno extranjero'', dijo una declaración
de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC),
divulgada ayer y firmada por el Arzobispo de La Habana,
el cardenal Jaime Ortega, quien preside el comité,
así como los obispos de Santiago, Pinar del Río,
Cienfuegos y Bayamo-Manzanillo.
La
COCC rechazó un paquete de medidas adelantadas por
la Casa Blanca a principios de mes --que no han sido puestas
en vigor-- al tiempo que criticó la reacción
del gobierno cubano de subir los precios de los productos
de primera necesidad en el mercado en divisas desde el lunes
pasado.
La
conferencia católica dijo que ambas medidas ''golpean
a las familias más pobres de la isla'', las cuales
``son especialmente perjudicadas, pues a las dificultades
y agobios de todos conocidos se añaden nuevas privaciones
y cargas que vienen a recrudecer su ya angustiosa situación
y a agraviar la separación de quienes viven en Cuba
y Estados Unidos''.
Los
obispos cubanos enfatizaron la necesidad de un ''diálogo
nacional'', para resolver ''la difícil situación
económica y social en que viven los cubanos'' y ``emprender
la construcción de una sociedad más justa''.
''La
solución a la situación en que se encuentra
la nación cubana pasa por un proceso de diálogo
entre los cubanos, de reconciliación, de búsqueda'',
dijeron los obispos de la isla.
El
martes, el disidente de inspiración cristiana Payá
Sardiñas, creador del Proyecto Varela, anunció
el inicio del proceso de diálogo nacional que había
propuesto en noviembre pasado, en el que ``podrán
participar todos los cubanos que estén dispuestos
a hacerlo, sean miembros y simpatizantes del gobierno o
tengan posiciones políticas contrarias estén
dentro o fuera de Cuba''.
A
su vez, y con un matiz mucho más suave en relación
al gobierno de la isla, unos 200 líderes y activistas
pertenecientes a 31 denominaciones, iglesias y movimientos
ecuménicos, incluyendo a 20 laicos católicos,
se mostraron ''sumamente preocupados'' por el futuro del
pueblo cubano.
Reunidos
el viernes pasado en la Catedral de la Santísima
Trinidad, de la Iglesia Episcopal de Cuba, por iniciativa
del reverendo protestante Raúl Suárez Ramos,
también miembro del parlamento cubano, concibieron
un mensaje al cual El Nuevo Herald tuvo acceso ayer.
''Como
iglesias no somos meros observadores, ni pretendemos asumir
una posición de jueces ante la realidad que vivimos'';
sin embargo, ``estamos sumamente preocupados por el futuro
de nuestro país, víctima de una guerra [...],
que ahora se enfrenta a nuevas medidas que limitan las relaciones
entre la familia cubana, que sufre separación y crea
más dificultades para el desenvolvimiento de la vida
en nuestro país''.
Los
activistas y líderes ecuménicos resaltaron
la necesidad de mantener ''un diálogo con la más
alta institución del gobierno cubano'', para, entre
otros aspectos, ampliar ''la acción social'' de las
iglesias protestantes en la isla.
''No
debemos permitir que los puentes de reconciliación
y de intercambios eclesiales, educacionales y familiares
sean limitados, o basados en la posible construcción
de una transición que restringe los ímpetus
de creatividad y transformación que caracterizan
a las iglesias y al pueblo cubano'', expresaron los protestantes.
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