| Por
Elías Amor, Economista ULC
Enviado por www.miscelaneasdecuba.net
La
descentralización del comercio agropecuario a partir
de 1 de agosto pasa por ser la última de las medidas
desesperadas con las que Raúl Castro intenta afianzarse
a un modelo económico que se encuentra instalado en plena
crisis y que clama al cielo por su sustitución.
No hace falta ser un experto en Economía para concluir
que la reforma anunciada, al igual que otras precedentes, no
va a servir para mejorar las condiciones de vida de los cubanos
que, una vez más, se ven abocados a escasez, racionamiento
y apagones como si estos fenómenos fueran inseparables
de la propia existencia del sistema.
Las noticias que llegan de Cuba son alarmantes. Los llamamientos
de las autoridades al ahorro, las amenazas directas a las empresas
que no se ajusten a los planes de los burócratas, la
sensación real de asfixia y de fin de ciclo se ha instaurado
en sectores cada vez más amplios de la sociedad cubana
que observan que, ni siquiera el acceso al área del dólar
y la moneda convertible garantiza los alimentos y bienes necesarios
para sobrevivir.
¿Qué está pasando en la economía
cubana para que se llegue a una situación como ésta?
Afortunadamente, tenemos datos de los economistas independientes
en la Isla que nos ofrecen un diagnóstico preciso de
las ineficiencias, las trabas burocráticas y los errores
sistemáticos de los planificadores comunistas. A ello
se añade la caída de los ingresos de exportación,
como consecuencia de la crisis mundial, de las remesas de las
familias en el exterior, así como también los
pésimos indicadores de la campaña turística.
Todo configura un conjunto de elementos estructurales y coyunturales
que inciden, en mayor o menor medida, en lo que en alguna ocasión
he denominado el “círculo vicioso de la economía
cubana”, que para las autoridades castristas tiene otro
nombre, el bloqueo o el embargo del enemigo. Sin embargo, visto
desde fuera, y con el objetivo de no extender demasiado esta
polémica terminológica, la verdadera raíz
de los problemas se encuentra en la necesidad de cambiar el
modelo productivo y de organización de la economía.
Y lo cierto es que motivos no faltan, pero cada vez que las
autoridades se embarcan en una posible reforma, lo hacen apoyándose
en medios y elementos burocráticos del pasado, sin reconocer
que lo que verdaderamente hace falta es destruir para construir,
o como algunos consultores de empresa denominan a esta acción,
la “de construcción”.
Un buen ejemplo es la propuesta descentralización del
comercio agropecuario. En esencia, el diagnóstico del
problema es el de siempre. Las tiendas estatales que distribuyen
a la población los productos del campo que entran a formar
parte de la dieta de subsistencia diaria, se encuentran permanentemente
vacías, mientras que los productos se pudren en las granjas
y cooperativas estatales sin que exista una eficaz red de transporte
que los lleve a los centros de consumo.
Para resolver un problema tan simple, las autoridades han diseñado
un plan especial que entrará en vigor el día 1
de agosto (como si estas cosas tuvieran un principio y un fin)
involucrando a ministerios, viceministros, empresas estatales,
organizaciones de productores, de transportistas, planificadores
de la dieta de consumo, etc, en una especie de conglomerado
de ineficacia y burocracia, con el que se pretende atajar el
problema. Pienso que lo más simple sería reproducir
el mecanismo natural que se presenta en el libro titulado “La
increíble máquina de hacer pan”. Daría
resultados mucho mejores.
El comercio, una de las actividades básicas para el funcionamiento
de una economía, no se puede planificar y dirigir desde
los ministerios, y mucho menos con criterios burocráticos.
La producción agrícola tampoco. La venta de cualquier
tipo de productos, menos.
La
escasez tradicional de la economía cubana tiene su origen
en la inexistencia de empresas privadas competitivas y un mecanismo
de asignación basado en el funcionamiento del mercado
libre. La propaganda oficial del castrismo ha convertido, históricamente,
en enemigos de la sociedad, marginados, delincuentes, especuladores,
etc, a aquellos ciudadanos que desean dirigir su vida hacia
la actividad productiva privada.
Derechos de propiedad e intercambio lucrativo, son las piezas
básicas para que los cubanos puedan comer todos los días,
sin pagar precios desorbitados. Recompensar el trabajo de los
agricultores y comerciantes, y generar recursos para mejorar
los sistemas de transporte y logística sería muy
fácil con la aparición de la empresa privada en
Cuba. Cualquier otro plan gubernamental es una pérdida
de tiempo y una majadería para burócratas, que
son los principales perjudicados por su ineficacia.
Lo llevamos diciendo mucho tiempo, pero no nos vamos a cansar.
La solución real a los problemas de la economía
cubana no está en el “perfeccionamiento”
del sistema socialista, comunista o intervencionista, sino en
aprovechar el potencial de las fuerzas productivas que existen
en la Isla, dinamizar los intercambios, facilitar las transacciones
libres de mercado guidas por la demanda y la oferta.
Enviar a todos los planificadores a otra actividad, porque en
ésta han mostrado hasta la saciedad su incompetencia.
El plan que va a entrar en funcionamiento el 1 de agosto fracasará,
seguro, por alguno de sus múltiples puntos débiles.
No es un juego. La sociedad, funcionando libremente, lo haría
mucho mejor que con esa participación de burócratas.
No lo quieren entender pero, cuando se habla de la economía
cubana, para construir hay que “de construir”.
|