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| Semanario El Veraz | San Juan, Puerto Rico | del 2007 |
La Economía Cubana: Destruir para Construir

Por Elías Amor, Economista ULC
Enviado por www.miscelaneasdecuba.net

La descentralización del comercio agropecuario a partir de 1 de agosto pasa por ser la última de las medidas desesperadas con las que Raúl Castro intenta afianzarse a un modelo económico que se encuentra instalado en plena crisis y que clama al cielo por su sustitución.

No hace falta ser un experto en Economía para concluir que la reforma anunciada, al igual que otras precedentes, no va a servir para mejorar las condiciones de vida de los cubanos que, una vez más, se ven abocados a escasez, racionamiento y apagones como si estos fenómenos fueran inseparables de la propia existencia del sistema.

Las noticias que llegan de Cuba son alarmantes. Los llamamientos de las autoridades al ahorro, las amenazas directas a las empresas que no se ajusten a los planes de los burócratas, la sensación real de asfixia y de fin de ciclo se ha instaurado en sectores cada vez más amplios de la sociedad cubana que observan que, ni siquiera el acceso al área del dólar y la moneda convertible garantiza los alimentos y bienes necesarios para sobrevivir.

¿Qué está pasando en la economía cubana para que se llegue a una situación como ésta?

Afortunadamente, tenemos datos de los economistas independientes en la Isla que nos ofrecen un diagnóstico preciso de las ineficiencias, las trabas burocráticas y los errores sistemáticos de los planificadores comunistas. A ello se añade la caída de los ingresos de exportación, como consecuencia de la crisis mundial, de las remesas de las familias en el exterior, así como también los pésimos indicadores de la campaña turística.

Todo configura un conjunto de elementos estructurales y coyunturales que inciden, en mayor o menor medida, en lo que en alguna ocasión he denominado el “círculo vicioso de la economía cubana”, que para las autoridades castristas tiene otro nombre, el bloqueo o el embargo del enemigo. Sin embargo, visto desde fuera, y con el objetivo de no extender demasiado esta polémica terminológica, la verdadera raíz de los problemas se encuentra en la necesidad de cambiar el modelo productivo y de organización de la economía.

Y lo cierto es que motivos no faltan, pero cada vez que las autoridades se embarcan en una posible reforma, lo hacen apoyándose en medios y elementos burocráticos del pasado, sin reconocer que lo que verdaderamente hace falta es destruir para construir, o como algunos consultores de empresa denominan a esta acción, la “de construcción”.

Un buen ejemplo es la propuesta descentralización del comercio agropecuario. En esencia, el diagnóstico del problema es el de siempre. Las tiendas estatales que distribuyen a la población los productos del campo que entran a formar parte de la dieta de subsistencia diaria, se encuentran permanentemente vacías, mientras que los productos se pudren en las granjas y cooperativas estatales sin que exista una eficaz red de transporte que los lleve a los centros de consumo.

Para resolver un problema tan simple, las autoridades han diseñado un plan especial que entrará en vigor el día 1 de agosto (como si estas cosas tuvieran un principio y un fin) involucrando a ministerios, viceministros, empresas estatales, organizaciones de productores, de transportistas, planificadores de la dieta de consumo, etc, en una especie de conglomerado de ineficacia y burocracia, con el que se pretende atajar el problema. Pienso que lo más simple sería reproducir el mecanismo natural que se presenta en el libro titulado “La increíble máquina de hacer pan”. Daría resultados mucho mejores.

El comercio, una de las actividades básicas para el funcionamiento de una economía, no se puede planificar y dirigir desde los ministerios, y mucho menos con criterios burocráticos. La producción agrícola tampoco. La venta de cualquier tipo de productos, menos.

La escasez tradicional de la economía cubana tiene su origen en la inexistencia de empresas privadas competitivas y un mecanismo de asignación basado en el funcionamiento del mercado libre. La propaganda oficial del castrismo ha convertido, históricamente, en enemigos de la sociedad, marginados, delincuentes, especuladores, etc, a aquellos ciudadanos que desean dirigir su vida hacia la actividad productiva privada.

Derechos de propiedad e intercambio lucrativo, son las piezas básicas para que los cubanos puedan comer todos los días, sin pagar precios desorbitados. Recompensar el trabajo de los agricultores y comerciantes, y generar recursos para mejorar los sistemas de transporte y logística sería muy fácil con la aparición de la empresa privada en Cuba. Cualquier otro plan gubernamental es una pérdida de tiempo y una majadería para burócratas, que son los principales perjudicados por su ineficacia.

Lo llevamos diciendo mucho tiempo, pero no nos vamos a cansar. La solución real a los problemas de la economía cubana no está en el “perfeccionamiento” del sistema socialista, comunista o intervencionista, sino en aprovechar el potencial de las fuerzas productivas que existen en la Isla, dinamizar los intercambios, facilitar las transacciones libres de mercado guidas por la demanda y la oferta.

Enviar a todos los planificadores a otra actividad, porque en ésta han mostrado hasta la saciedad su incompetencia. El plan que va a entrar en funcionamiento el 1 de agosto fracasará, seguro, por alguno de sus múltiples puntos débiles. No es un juego. La sociedad, funcionando libremente, lo haría mucho mejor que con esa participación de burócratas. No lo quieren entender pero, cuando se habla de la economía cubana, para construir hay que “de construir”.


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